La diabetes puede afectar la sensibilidad de los pies y la circulación. Eso hace que una ampolla, corte o zona de presión pase inadvertida y evolucione antes de que la persona sienta dolor. La prevención empieza con una revisión sencilla y frecuente.
Revisa tus pies de forma regular
Observa planta, talones, dedos y espacios entre los dedos. Busca cambios de color, ampollas, grietas, heridas, hinchazón, secreción, zonas calientes o callos que hayan cambiado. Si te cuesta ver la planta, utiliza un espejo o pide ayuda.
Lava y seca con cuidado
Usa agua templada, jabón suave y seca bien, especialmente entre los dedos. Evita temperaturas muy altas si tienes pérdida de sensibilidad, porque podrías quemarte sin notarlo.
Calzado y medias
El calzado debería ajustarse sin puntos de presión. Antes de ponértelo, revisa que no haya piedras, costuras duras u objetos. Las medias deben estar limpias y no producir marcas excesivas.
No cortes callos o lesiones por tu cuenta
Productos corrosivos, cuchillas o procedimientos caseros pueden causar heridas. Un profesional capacitado puede valorar callos, uñas difíciles y deformidades de forma más segura.
Cuándo consultar rápido
Busca atención si aparece una herida abierta, secreción, mal olor, coloración negra o violácea, enrojecimiento que se extiende, fiebre, hinchazón importante o una lesión que no mejora. Una herida en el pie de una persona con diabetes merece más atención que una lesión similar en alguien sin diabetes.
El control de glucosa también protege los pies
Reducir la exposición prolongada a glucosa alta ayuda a disminuir el riesgo de neuropatía y otras complicaciones. El cuidado del pie no es un tema separado del control general de la diabetes.

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